Contrastes. Placer de lector
28/11/1999
LEVANTE. Joan Álvarez

Imagino que, al igual que me ha sucedido a mí, participar en el Mes de les Lletres de l'Alcúdia ha sido un placer para todos quienes fuimos convocados amablemente por Ricard Avellan con el señuelo de debatir sobre El plaer de llegir. El gust d'escriure. La iniciativa de Avellan tiene el inapreciable valor de las empresas desinteresadas, pequeñas, auténticas, desarrolladas al margen de la cultura a gran escala en la que lo que menos importa es la relación sincera, y provechosa, con el público y lo que se persigue es la resonancia, la imagen, el efecto de reverberación en los medios de comunicación. Muchos de los actos de esta incursión gozosa por la literatura han sucedido en colegios e institutos y cabe suponer que son uno de los estímulos del renacimiento de la lectura -y de la lectura en valenciano- que, con toda su carga de contradicciones, vivimos en los últimos años. El día que me tocó intervenir, Josep Ballester evocó, certeramente, la carga de peligro que encierran los libros, auténticos semilleros de rebeldía y cambios súbitos de identidad. A mí me cumplió recordar la aún corta vida de la idea de que leer es un acto placentero, al margen de las virtudes instructivas que se le reconocían desde antiguo. Recomendando el hedonismo de la lectura no se me oculta que cada vez son más los autores -y las editoriales- que circunscriben su imaginación a una fórmula de placer y éxito; sin recaer en el elogio del autor maldito, ahora tiendo a creer que la repetición del éxito empobrece, a la larga, al escritura.

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